martes, febrero 05, 2008

Amores de Verano

Nunca he sido bueno pa los amores de verano. O bien me pillaron pololeando, o no era lo suficientemente Alpha como para disfrutar del triunfo de llevarme a la hembra arrastrando del pelo.

Pero igual recuerdo a los que tuve, y con razón. Los tuve en veranos playeros, acalorados, escondidos. Otros más sofocantes y juguetones, llenos de secretos y anhelos de playa.

Me acuerdo de espacios creados, especialmente en verano y destinados a amar.

Me acuerdo de la primera vez que invite a salir a una niña que no era del colegio y, menor de edad y todo, la llevé a tomarse un tequila blue. Al salir del boliche la agarré de la cintura y le pedí permiso para besarla. Ja. Ese verano fue de amor, de piscinazos eternos y playa con amigos. De bailes con Rafaella Carrá y de trasnoches sin celos ni inseguridades.

Otros amores más platónicos y sufridos llenaban el espectro en los veranos donde “el anillo” pesaba. Donde la frescura de la brisa y los ojos hacían dudar un poco, para después sufrir por la culpa de haberse encantado un verano soleado. ¿Y quién no?

Tuve amores de verano sin playas también. Con asfalto hirviendo, museos, malls y café helado en el cine. También con besos escondidos en las sombras de un potrero, con cervezas heladas y belmont lights de 10, cuando nadie nos veía.

Hubo un día que un amor de verano me agarró sin darme cuenta, en el verano infernal de la capital.

Durante un mes no hice más que pavonearme, vanidoso y egocéntrico, a ver si me aceptaban. Cuando me dijeron que sí, el verano seguía y febrero iba a la mitad. De ahí en más mi amor de verano se me alargó más de la cuenta. Hizo que el invierno tuviera sol, y que la primavera no me diera alergia.

A casi un año de tal suceso, sigo teniendo ganas de que el verano siga. Tú le pones la brisa, yo te traigo el sol en la espalda.

Un beso Amor.

Pancho®


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