martes, abril 24, 2007

Historias de un Perdedor Reivindicado
Capítulo Uno
Cediéndole la Mina a un Amigo

Sucedió alguna vez en mis oscuros 15 años que yo me perdí por una muchacha (cosa no tan poco común en mí).
Conforme pasaban las semanas más me gustaba. Lo malo es que para acercarme a ella use la estrategia menos efectiva: hacerme su amigo fiel. ERROR.

Sufrí mamándome cada uno de sus descalabros amorosos, sus dolores de ovarios, sus problemas con la regla, sus cambios hormonales y otras cosas más. Aun así, casi siniestramente, me empezó a gustar más (no podía estar más mal encaminado).
Un día como pa distender los ánimos arrendé una película, una de miedo, como pa provocar el abrazo y con suerte, el beso.
La cosa es que ese día hice todos los preparativos con uno de mis amigos más cercanos. Elegir la película (miedo+buena música+actores taquilleros+una que otra pechuga pa estimular el erotismo) elegir la ropa, los snacks y todo lo demás, hasta que al final fui con mi socio a la casa de mi comadre. Cuando llegue caché que su cara cambió de una, y lo peor es que fue pa mejor.
Mi mente inmediatamente captó el semblante pero lo anuló con un “loco, la mataste con traer a tu amigo, cree que eres el weon más buena onda que no la quieres absorber, eres el mejor”.

Nos echamos a ver la película en una mansarda, los tres en fila sobre unos cojines, cuando de repente veo que mi socia se comienza a arrimar a mi compadre poco a poco. Nuevamente lo evidente anulado con lo rebuscado “loco, la mataste, este loco es como su mejor amigo y está feliz que lo hayas traído por que le das confianza, eres el mejor”
Rato después cuando a la mitad de la película los dos estaban abrazados, opté por moverme mejor al sillón de más allá, tratando de ocultar el caracho de re weon que llevaba sobre mi cuello.

De arriba, ya masticando lo evidente, pa no perder el orgullo, pensé “loco, eres el mejor, le cediste la mina a tu amigo, eso solo lo hacen los grandes, eres el mejor”.
Mermelada de huevas.
Ya caminando a mi casa, con el frío de la tarde de verano colándose en los huesos de a poco, pensé que alguna vez esto se iba a revertir e iba a ser yo el favorecido. Alguna vez que fuera.
Hartos años tuvieron que pasar.
En todo caso ahora también reconozco que más viejo me han dicho “loco me fascina esa mina” y yo he dicho “dale tu weon, ya vendrá otra pa mi”.

Gracias a Dios tanto ahora como antes, nunca me he arrepentido.

Un beso a todos.

Panchito®
Todas estas historias están modificadas pa que sean entretenidas de leer. No se pongan cronistas los matitas de weas.

Antes de irme les quiero decir dos cosas. Cuando leo lo que escribo no se como lo hice pa algún día ponerme a salir o pololear con las chicas, es un misterio. Lo otro los dejo con tres caricaturas de mi buen amigo Giye, de mi persona. La primera de mi epoca oscura, cuando una gata me dejo todo arañado por la vida, la otra el inigualable semblante de siempre y la última, el futuro según Giye. Saluos!!!!







































lunes, abril 23, 2007

El Depa Nuevo


Saludos a todos, les dejo fotos de mi nueva casa, próxima a ser inaugurada luego, onda a fin de mes.

De un rato pa otro me convertí en un buen partido.

Saludos a todos los lectores del blog, hoy en la tarde escribo algo.


Pancho®



































































sábado, abril 14, 2007

Con Un Cigarro En La Boca












Con mis bronquios aun no reponiéndose de una mini bronquitis, la ardua noche de trabajo me llama a ponerme un cigarro en la boca.

Es un habito sucio dicen unos, otros lo condenan como la principal razón pa morirse en el mundo civilizado.

A mi la vida me enseño que un cigarro evita el prozac, clonazepam y todo el resto de las weas que bajan la ansiedad.

Mi mente y sus neuro receptores ávidos de nicotina, conectaron los fines de semana con el cigarrillo, el stress emocional con fumar y la sobre exigencia del cuerpo como razón pa llevarse un cigarrito a la boca.

Mezcla las tres y me tienes a mí, sentado, a las cuatro de la mañana, en mi escritorio de la pega con el computador encendido, tres latas de cerveza vacías y un render en cola.

Hoy hice una buena acción. La vida me prueba que soy un buen tipo.

La vida me muestra que soy amigo de la luz y dueño del camino. La verdad y la vida se la dejo a mi amigo JC.

Un beso

Pancho®

jueves, abril 12, 2007

Bailar

Durante años pensé que era un mal bailarín. Me veía a mi mismo como un Goofy sin ritmo y sin swing. Me avergonzaba profundamente salir una pista de baile y ponerme a lanzar pasos y aletazos al aire como abanicando moscas y pateando perros.

Al menos así me sentía yo, gracias a un trauma que se me desarrollo por violencia sicológica en que me repetían una y otra vez:

- Me da vergüenza bailar contigo por que bailai mal, weveai mucho en la pista y bailai mal.

Esa frase me hizo caer en un espiral de alcoholismo y pánico que terminó por sacarme el chip del baile del cuerpo.

Así como cuando Gabriela Mistral inhibió su gusto por los varones al morírsele su prometido (y obviamente por que nunca le gustaron) así mismo yo inhibí mi gusto por el baile como actividad por tanto tiempo, tanto tiempo. Sentado en las fiestas, solo hablando, con la música llamándome a menearme pero con el escalofrío de las palabras que iban y venían en mi cerebro “Me da vergüenza bailar contigo por que bailai mal, weveai mucho en la pista y bailai mal(se emociona cuando escribe).

A veces, solo a veces, cuando el fulgor del alcohol apagaba los sensores del miedo, me veía en las pistas rockanrolleando con muchachas que no sabían de mi trauma, pero siempre con las palabras como cuchillos metiéndose detrás de los ojos “Me da vergüenza bailar contigo por que bailai mal, weveai mucho en la pista y bailai mal

Al otro día al despertar con el pelo pegoteado por el humo del cigarrillo de la discoteca, la inseguridad de haber bailado bien o mal despertaba todos los sentidos. Solo la ducha helada y el llanto desgarrador eran capaces de removerla, en posición fetal, en un rincón de la fría loza.

Por la necesidad, en un momento de la vida donde las deudas me tenían sobrepasado, tuve que bailar para ganarme unos pesos.

Antes de cada baile me tomaba por lo menos dos wiskeys dobles, para inhibir el miedo y anestesiar el cuerpo.

Dentro del sofocante traje azul y rojo o de la armadura romana las caras de locura desenfrenada de las muchachas bajo la tarima asustaban, solo recuerdo, casi como un veterano de la guerra de Vietnam, flashes, flashbacks, gritos, pellizcos, uñas en los muslos, mordiscos en los brazos, y pasos de baile violentos y recios, sin gracia, sin ritmo.

El tiempo pasó y el pánico siempre persistió. Las muchachas se preguntaban que era lo que pasaba y siempre había una excusa:

-Lo lamento es solo que no me siento muy bien “Me da vergüenza bailar contigo por que bailai mal, weveai mucho en la pista y bailai mal

-Creo que he bebido demasiado “Me da vergüenza bailar contigo por que bailai mal, weveai mucho en la pista y bailai mal

-La verdad es que no me gusta bailar “Me da vergüenza bailar contigo por que bailai mal, weveai mucho en la pista y bailai mal

-Tengo un problema psicológico “Me da vergüenza bailar contigo por que bailai mal, weveai mucho en la pista y bailai mal

Y así, una y otra vez, sin cesar.

Un día decidido a romper mi destino, no bebí nada para enfrentarme al miedo y tomé de la mano a una muchacha pidiéndole amablemente una pieza de baile. Como en una película, un solitario foco iluminó a la pareja. De pronto el piso de alfombra se transformó en un gigante tablero de luces de colores que, en llamas, soportó los mejores pasos que podía recordar mi memoria inconciente. Poco a poco mientras bailaba y giraba en llamas mi cuerpo comenzó a recordar mis mejores performances en la Grammy como el Hombre Araña o como el Gladiador y me di cuenta que el baile siempre había estado presente en los músculos, en los pies y en la gracia propia del ser humano bailarín que cada uno lleva dentro, incluso yo.

Después de eso no paré.

Bailé en el paseo Ahumada, en la Plaza de Armas y el Mercado Central. En la K-masú, en la Blondie, en la Feria, en la Nina, en Murano.

En Suecia baile para ganarme el corazón de una dama y con mis mejores movimientos me lo llevé conmigo, dejando la pista en llamas.

Por el azar o por le destino un día x, me enfrenté al verdugo de mi destino danzistico. De tantos llantos e inseguridad, de tantos bailes perdidos y de tantas borracheras que ni recuerdo.

Sudando frío y sobrio, tuve que bailar. La frase aun resonaba en los oídos “Me da vergüenza bailar contigo por que bailai mal, weveai mucho en la pista y bailai mal

Tragando saliva por primera vez en mucho tiempo, solo cerré los ojos y me puse a bailar. De pronto, mirándome de frente me pregunta:

-Weon! Me cuesta seguirte, quien te enseño a bailar así?

-La vida Mami, toda la vida he bailado así, es solo que tu nunca quisiste bailar conmigo.

-Ay, las cosas de la vida weon…

-Así es baby, así es.

Redención y Baile

Un Beso

Pancho®

miércoles, abril 04, 2007

Me Lanzé

Con las manos sudorosas, la guata apretada, un poco de nauseas y cegado por el foco que me sigue desde la escalera al escenario, me paro frente al micrófono con gritos de apoyo en los oídos y digo:

“Hola, ¿cómo están todos? ¿bien?

Bueno soy Francisco Araya y mi misión ha sido recorrer los mejores restoranes que por su comida o por su historia, son parte importante del patrimonio cultural y culinario de nuestra ciudad. Así que dejo a todos invitados para que vean cuales finalmente merecen ser parte, de Santiago en Picada”

Se siente un aplauso cerrado y siento que me libero de un peso que me ha acompañado desde que agarré por primera vez un diario y me vi en una publicidad.

Sabía que el momento llegaría y que finalmente tendría que presentarme en sociedad, frente a gente desconocida y subiéndome al escenario como antes, como cuando chico, claro que esta vez sin guitarra en la mano ni obra de teatro que interpretar. Cumpliendo el papel de ser yo mismo, realizando mis proyectos, mis sueños y anhelos.

Mis 15 minutos sobre el escenario

veamos cuanto durarán.

Besos a todos

Pancho®




































































































lunes, abril 02, 2007

La Recta Final

Si ustedes se dan la paja de leer mi blog desde el primer al ultimo post, verán como ésta cuestión ha ido mutando de la poesía trágica del despecho, arrepentimiento, culpa y posterior reventón de alma, a una wea con menos cuerpo dark y mas brillo, así como un matinal, o más como un late show.

Para que cambiara el rumbo y para iluminar la escritura sucedieron varios hechos notorios que cada uno de los fieles seguidores puede buscar como imprescindibles dentro de este delicioso blog. Pero siempre hubo una constante: La Terapia.

Gracias a el psicoanálisis y a mi entrenadora personal Jazmín, la mente, durante un año fue poniéndose más piola, menos ansiosa, más centrada, más adulta y menos idealista, más desconfiada y menos crédula (gracias a mi eso no ma).

Ir a terapia me ha significado poderosas lucas que pude haber invertido en muchas weas, pero fue tan necesaria en este proceso que al final ni dolieron. Más de alguna vez no hubo ni pa comerse algo rico, pero siempre había pa la terapia.

De hecho creo que con la terapia es con lo que he sido más constante y comprometido en mi vida, desde el punto de vista práctico. Me metí pa salir cuando tuviese que salir no ma, y eso es el próximo lunes.

Estoy en la recta final de un proceso largo, doloroso y cansador, pero gratificante. Gracias a Dios está todo bien, tranquilito y en paz, que era lo que más buscaba cuando decidí sentarme en el diván del loquero, en desmedro del orgullo y de las críticas de los weones que dicen que no sirve de na. Claro si vai a tres sesiones no sirve de na, pero después de un año el resultado es notorio. Así como Rocky en la nieve: NO HAY DOLOR, NO HAY DOLOR.

Ahora ando filete, y estoy como quiero.

Un beso

Pancho®


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